Cuaderno de Albert

Te quedaste con el apodo

Has cambiado unas cuantas cosas. En algunas mesas todavía te guardan el mismo papel.

Albert Miraflor · · Estigma · 6 min

Un adulto deja una foto antigua junto a las llaves mientras sus amigos siguen conversando alrededor de la mesa
RECREACIÓN EDITORIAL · Barcelona, 2026

Imagina una comida con amigos de hace años. Habéis encontrado un domingo y un sitio donde cabéis todos. Uno llega tarde, otro tendrá que irse pronto. Al principio hay que ponerse al día; al segundo plato ya os interrumpís como antes.

Llega el café. Pides un cortado.

—A este ponle otra cosa.

Te ríes. Conoces esa voz y sabes de dónde viene la broma. Puede que lleves meses sin fumar, que fumes menos o que sigas igual y estés empezando a preguntártelo. No te apetece explicarlo mientras recogen los platos. El cortado está bien.

Pero algo se queda contigo. Habéis preguntado por trabajos, hijos, mudanzas. Lo de «el fumeta» ha entrado sin preguntar.

El gusto de volver

Un apodo puede traer de golpe una época entera. El coche en el que ibais apretados, la música que ponía siempre el mismo, las tardes que se alargaban sin que nadie tuviera que recoger a nadie.

En aquellos grupos se repartían tareas con facilidad. Si conseguías coche, conducías. Si sabías liar, liabas. Bastaban unos cuantos sábados para que el puesto pareciera tuyo.

También había cariño. «El hierbas» podía ser quien escuchaba, quien encontraba el disco adecuado o quien sabía estar sin llenar todos los silencios. Volver a esa mesa podía devolverte algo que echabas de menos. No tienes por qué querer desprenderte de todo aquello.

Lo incómodo llega cuando intentas contar algo de ahora y te contestan con una anécdota de entonces. La historia hace gracia, sí. Pero tú ibas a decir otra cosa.

Dos amigos jóvenes conversan con media sonrisa mientras miran Barcelona desde los bunkers del Carmel con la Sagrada Família al fondo
RECREACIÓN EDITORIAL · escena reconstruida

El papel que también cuidamos

Rara vez llevamos una sola etiqueta. El fumeta puede ser también el cocinillas, el tranquilo, el que siempre anda tramando algo. Nos reconocemos en esa mezcla. Parte viene del grupo; otra parte la hemos ido construyendo nosotros.

Y a veces nos conviene. «Ya sabes cómo soy» puede expresar confianza y también dejar una pregunta sin hacer. Si llevas años siendo quien trae la hierba, aparecer con ella apenas llama la atención. Es lo esperado. Puede que sea lo que te apetece. Puede que hoy ni te lo hayas preguntado.

En mi historia hubo parones de meses y alguno de un año o algo más. Fui escribiendo Abre los ojos entre esas pausas y las vueltas a fumar. Si me resumo en «treinta años de fumeta», desaparecen los intentos, las dudas y lo que iba aprendiendo. Hasta al contarme puedo dejar fuera cosas que importan.

El personaje también hace compañía cuando estás solo. Puedes temer que al dejar de fumar pierdas la gracia, la música o una manera tuya de estar. Durante mucho tiempo fueron juntas. Cuesta imaginar qué seguirá ahí si cambias una parte.

Reconocer lo bueno de aquella vida deja sitio para mirar cómo estás ahora. Que fumar te haya gustado no resuelve cuánto quieres fumar hoy. Que un nombre te haga sentir entre los tuyos tampoco obliga a seguir haciendo todo lo que el grupo asocia con él.

Y esto vale en las dos direcciones. Quizá tú sigues esperando que el tímido se calle o que la que organizaba todo encuentre otra fecha. Hace años que les concediste el papel. Igual tampoco les has preguntado.

Después de la broma

Volvamos al café. Puedes dejar pasar el comentario. También puedes decir que llevas un tiempo sin fumar, que estás probando o, sencillamente, que hoy esa broma te cansa. No necesitas poner al día treinta años de vida entre dos cucharillas.

El otro puede escuchar, sorprenderse o hacer otro chiste porque no sabe cómo seguir. Una frase torpe no cuenta una amistad entera. Si insiste, puedes pedirle que pare.

Quizá después haya ocasión de retomar lo que ibas a contar. Ese cambio en el trabajo, algo que te tiene ilusionado, una temporada difícil. Y de preguntarle a él cómo le está yendo, sin completar la respuesta de memoria.

La próxima anécdota que contéis juntos todavía puede ser nueva.

Albert Miraflor · Cuaderno de Albert

La comida es una escena imaginada; los parones y la escritura del libro proceden de la experiencia del autor. Ensayo personal apoyado en investigación sobre estigma, identidad y normalización del cannabis. No convierte una etiqueta social en diagnóstico ni compara sustancias mediante una clasificación improvisada. Si encuentras un dato que debe corregirse, puedes escribir a ALO.

Fuentes y criterio editorial

Idioma Llengua Language

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