Escenas del automático

Has cerrado el portátil. Tus manos no.

El trabajo termina a las 20:17. El gesto llega con unos minutos de retraso y una explicación ya redactada.

Una casa de Barcelona al final de la tarde, con la ventana abierta, agua, llaves y una chaqueta recién dejada

El día laboral se ha ido. El gesto sigue fichando.

Cierras una pestaña, guardas un archivo y el trabajo queda oficialmente terminado. El cuerpo no siempre recibe el comunicado a la misma hora.

La bandeja y el primer «me lo he ganado» pueden aparecer antes de que hayas notado hambre, cansancio o ganas de salir de la habitación.

El premio llega con el informe ya escrito.

Trabajar concentra la atención y aplaza señales sencillas. Cuando baja la exigencia, el automático propone una transición conocida. No demuestra que necesites fumar; muestra que ese final se ha ensayado muchas veces.

«Me lo he ganado» puede ser verdad y seguir sin explicar el hambre, las horas sentado o el cambio brusco de ritmo.

Cerrar no siempre descansa. A veces solo cambia de pestaña. Diez minutos pueden separar ambas cosas.

Cuando esto se queda corto

Si hay una crisis, síntomas graves, riesgo inmediato, policonsumo problemático o una necesidad clínica, busca atención sanitaria o de emergencia. ALO es apoyo educativo y de conducta; no sustituye tratamiento.

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